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Prison break

In Barça, Champions League, Partidos 07-08 on 24 abril 2008 at 4:42 pm

Esta mañana, tras enterarme de cómo fue el partido de ayer por mediación de mi informador clandestino Lucas el repartidor, decidí que no podía quedarme más tiempo en el sanatorio. El relato emocionado de Lucas del excelente comportamiento de la grada del Nou Camp en el partido ante el Manchester encendió en mi una llama de ilusión y de culerismo que hacía tiempo había olvidado.

—Te lo juro, Chus —me decía Lucas con un brillo en los ojos—, hacía tiempo que no se veía a la gente animar así. No faltaban motivos para sacar a pasear los pañuelos, pero ayer el socio decidió apoyar al equipo y estuvo animando durante 90 minutos de manera constante. Daban ganas de llorar, en serio. Tampoco te quiero engañar —prosiguió—. El equipo tuvo la posesión del esférico ante un Manchester cobarde como no lo había sido en toda la temporada, pero hubo cosas bastante mejorables. Milito casi nos amarga la eliminatoria cometiendo un estúpido penalti en el minuto uno, que luego Cristiano Ronaldo mandó a las nubes; Deco tardó bastante en entrar en juego, aunque luego estuvo bien; Eto’o, que tanto había abierto la boca durante la semana, apenas inquietó al rival y falló la única ocasión clara que tuvo; Messi se perdió en regates sin sentido… Pero la sensación de que el Barça le estaba pasando por encima al que todos tildan de ser el mejor equipo de Europa no nos abandonó en toda la noche.

Mientras desayunaba, tomé la decisión de ir a hablar con el director del hospital y decirle que me iba. Pensé que iba a ser fácil. Dado que mi ingreso había sido voluntario, pensé que mi salida también lo sería. Craso error.

—Permiso, Sr. director.

—Adelante, adelante.

—Mire, que creo que el tratamiento ha dado sus frutos y me voy a marchar. Mi equipo me necesita más que nunca.

—Marcharte, claro, claro… Has progresado mucho estas semanas. Pero eso no va a ser tan fácil…

—¿Y eso?

—Mira, cuando entraste aquí, aunque fuese de manera voluntaria, firmaste un consentimiento para que fuesemos nosotros los que tomáramos la decisión final de tu alta.

—Pero usted mismo dice que he mejorado mucho, y yo me encuentro bien. Creo que no hay motivo para seguir aquí…

—Eso lo decidiremos nosotros, muchacho. Este fin de semana te haremos unas pruebas, y ya veremos…

Me marché un poco mosqueado a la sala común, pero confiado en que las pruebas que me harían servirían para salir del sanatorio. Le conté toda la historia a Solá, y él, como siempre, me ofreció a cambio otra de sus anécdotas.

—¿Recuerdas la época de Gaspart? ¿Los cinco años en blanco? ¿Los millones dilapidados? ¿El desastre económico y deportivo?

—Claro. ¿Cómo olvidarlo? —le contesté.

—Yo ingresé durante el último año de mandato de Joan Gaspart. Y pedí ser dado de alta tras ser elegido Laporta, tras la remontada de más de veinte puntos al Madrid en el primer año de Ronaldinho, otra vez al ganar la primera Liga de Rijkaard, y lo volví a intentar tras la segunda Liga y la Champions de París. ¿Sabes lo que quiero decir?

—Pero, pero… No lo entiendo. Pensé que todos los que estábamos aquí habíamos ingresado en los últimos veinte meses…

Solá dibujó en su rostro una de sus enigmáticas y socarronas sonrisas.

—No, Chus, muchacho. Aquí viene mucha gente, pero muy poca sale, aunque ya estén curados. Fíjate en Bonilla —me dijo señalándolo. Bonilla estaba en un corrillo de gente que le aplaudía mientras se metía cuatro magdalenas a la vez en la boca y trataba de gritar «Moscú, Moscú»—. ¿Sabes cuándo entró él? Tras el 4-0 del Milán en la final de Atenas.

Aquello me dejó K.O. Resulta que había ingresado en un sanatorio que no curaba la desesperación culé, sino que hacía olvidar totalmente el barcelonismo. Jamás me dejarían salir de allí, al menos no mientras tuviese un mínimo de ilusión por el Barça, o siquiera por el fútbol. Se trataba simplemente de un centro para lavarle el cerebro a los culés, y tratar de que olvidaran no solo lo malo, sino también toda nuestra gloriosa historia.

Mientras comía, he tomado una decisión más peligrosa aún: tengo que fugarme. Nada me impedirá ver el partido de Old Trafford como un culé libre, entre amigos, tomando una cerveza y pensando en Moscú. En una palabra, remando. Si todo sale bien, el martes os escribiré desde el exterior de esta cárcel. Si no sale bien… Bueno, si no sale bien, supongo que no volveréis a saber nada de mí. Creo que ahora ya sé de qué son las marcas y los puntos de sutura en el cráneo del pobre Bonilla.

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  1. […] original: Un culé en la corte del rey Merengue Publicado por admin el 24 de Abril de 2008 en […]

  2. Suerte Chus en tu intento de fuga, aunque creo que vas un poco precipitado.

    Pregúntale al Bonilla si tiene el mapa del sanatorio tatuado en alguna parte del cuerpo.

    dewww!

  3. Si tenemos que acercar la barca, donde te seguimos guardando sitio, para facilitar tu huída, allá vamos.

  4. jajaja mosca donde Bonilla tenga tatuado el mapa en el sitio menos higiénico jajajaja. Suerte en la fuga amigo y a remar!

  5. Claro que sí, Chus, a fugarte… Claro que el equipo te necesita apoyando como un poseso el martes, para llegar a Moscú.

    El problema de la intención del sanatorio es que en realidad, la pasión no culé no se alberga en la mente, sino en el corazón. Así que podrán lavarte la masa encefálica todo lo que quieran, que no te cambiarán ese sentimiento…

    Y lo de las marcas en la cabeza de Bonilla… hum… quizás sean más antiguas, de su época escolar, en la que aquellos pequeños (en ese entonces) bribones (todavía) lo atacaron sin piedad… Quién sabe, es difícil que incluso él mismo cuente la verdad.

    Saludos, Chus. El que tengás esperanza en la victoria después de un 0-0 de local y teniendo que ir a uno de los feudos más duros de Europa, demuestra que estás curado…

  6. “La pasión culé”, quise decir… Maldito Word…

  7. Ya te veo como a Tim Robbins en cadena perpetua, arrastrandote por la tuberia llena de mierda…
    Somos seguidores del Barcelona, si hay algo que tenemos es ilusión, por eso los “locos” no podeis salir asi como asi.
    Un saludo.

  8. Bueno, esta noche se decide todo. Si el Barça gana, salvará medianamente la vergonzosa campaña que están haciendo. De no hacerlo, pues instantáneamente deben tomarse decisiones en el seno del club, que desde luego no pasan por echar al entrenador, exclusivamente.

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