¿Qué hacemos? ¿Echamos las campanas al vuelo, o las guardamos hasta que volvamos de La Romareda y de Anfield Road? ¿Significa la carnicería cometida hoy por el Barça sobre el Athletic que todo vuelve a funcionar? ¿O el 3-0 era una obligación, ante un equipo timorato, sin ideas y que regresa a la zona de descenso?
Solo una cosa es segura: Samuel Eto’o ya está aquí, y ha vuelto para ganar. Para ganar, y para hacer mejores a todos los que le rodean.
Empezó el partido como siempre que se ha avecinado desastre en los últimos encuentros: ocho mil toques en horizontal, un Edmilson horroroso, Ronaldinho perdiendo los tres primeros balones que tocó y el Athletic agazapado, soñando con repetir no solo la estrategia de Valencia y Liverpool, sino también el resultado final.
Nada de eso. Giuly, esta vez sí, empezó a recibir balones al hueco y no de espaldas, lo que propició desajustes en la izquierda de la defensa vasca que Iniesta, Xavi y Eto’o no tardarían en empezar a aprovechar. Y Ronaldinho. Mucho se ha hablado de las lorzas del brasileño, de su apatía, de los pocos entrenamientos que hace… Y seguramente sea verdad, pero lo que también es cierto es que con Eto’o correteando en la presión defensiva y abriendo huecos en ataque, Dinho puede disfrutar de más libertad para desplegar su fantasía.
Pero antes de que el encuentro se convirtiera en el escenario del espectacular gaucho, Eto’o tuvo al fin su regreso anhelado. Participó en los tres goles: presionó a Amorebieta medio provocando el gol en propia meta, asistió de forma magistral a Xavi en el segundo, y definió como un auténtico depredador en el tercero, tras una excelente asistencia del que dicen que es su enemigo irreconciliable, Ronaldinho.
El juego de la segunda parte invitaba a pensar en la repetición del 7-0 de hace siete años, pero el marcador ya no se movió. No faltaron, en cambio, ocasiones para que así fuera. Por ejemplo, Iniesta mandó un balón al palo y el posterior rebote a las nubes. Pero faltaba el número final, la genialidad, el dios del fútbol bajado a la tierra para remedirnos de la apatía capelliana. Ronaldinho consiguió dejar sentados a tres jugadores con diversos escorzos, regates, bicicletas y colas de vaca, y la vaselina que le mandó a Aranzubía la rozó este con el guante para que el esférico rebotase en el larguero. Una de las jugadas de la liga.
Las portadas de los periódicos de mañana mostrarán a Eto’o agarrado al banderín de córner tras su primer gol en casi cinco meses, o a un Ronaldinho socarrón marchándose del campo mientras se baja el pantalón para enseñar sus lorzas, que para mí quisiera yo. Pero hubo más cosas para comentar: el excelente papel de otro que regresaba, Thuram; el soberbio manejo de balón de Xavi e Iniesta; el buen partido de Giuly; la torpeza de Edmilson; las delicias gambeteras de Messi…
Hoy todo pareció funcionar, pero nada será igual dentro de tres días. El Zaragoza es otra cosa, aunque hoy empatara. Sin embargo, es justo reconocer que vamos a tierras mañas con otra cara. Y luego a Sevilla. Y luego a Liverpool. Y después viene el Madrid… Pero el rey ha vuelto a su trono.