Es por eso mi suspenso a Oleguer, un futbolista que siempre que acapara portadas nunca lo hace por aspectos deportivos, sino por su ideología. La libertad de opinión y de expresión está más que legitimada en nuestro país, gracias a Dios, pero hay que tener un poquito más de cabeza y pensar en el momento y en la platea en que se abre la boquita a los oídos del mundo.
Sin embargo, al igual que en mi instituto, los hay a los que no les basta con suspender las asignaturas, y se empeñan en liar una gorda tras otra hasta que consiguen que se les abra un expediente disciplinario y se les expulse del centro unos días. Tal dudoso honor recae esta semana en Roberto Palomar, periodista admirado y alabado por mí en tantas ocasiones, y autor de la mejor columna del Marca, “No se me enfaden”.
Hoy he tenido que hacer caso omiso del título de su columna y agarrarme un mosqueo. Las palabras del Sr. Palomar dirijidas hacia Oleguer (“La próxima vez que le piten un penalti en contra al Barcelona, ponte en huelga de hambre“) no sirven ni como chiste. Creo que se podría haber mostrado rechazo ante las ideas de Oleguer sin usar un chiste semejante, que por no tener no tiene ni gracia, y muchos menos convertir en divertida ocurrencia todo el tema del desgraciado aquel, quien, por cierto, está donde tiene que estar.

